martes 9 de septiembre de 2008

Semana cinéfila: WALL*E de Andrew Stanton

Finalmente me ha pillado el toro, y los únicos post que no tenía preparados llegan fuera de plazo, pero tranquilos, que irán apareciendo aunque sea con unas horas de retraso. Me hubiera encantado no ir tan apresurado, pero con el ajetreo de las Jornadas del Cómic de Avilés apenas puedo dormir y no me queda tiempo para nada. Bueno, no me enrrollo más, vamos con Wall*E.

Cuando se estrena una película de Pixar, como mínimo uno solo puede esperarse genialidad, emoción y por encima de todo cine, puro cine. Al contrario de lo que podría esperarse, Pixar es impermeable a las tendencias comerciales modernas e impone su criterio artístico en cada una de sus producciones. Quizás sea esa la razón por la cual las recaudaciones cada vez son más discretas (al menos en comparación con los taquillazos de Buscando a Nemo o Los Increibles), y Dreamworks poco a poco le roba fama y cuota de mercado, siendo el principal ejemplo la divertida Kung Fu Panda, correcto producto que huele a prefabricado y palidece ante la poética historia del robot más entrañable de la historia del cine. Sin embargo la recaudación de la película de Dreamworks de momento es bastante superior a la de Wall*E, siendo esta una señal de alarma que en futuros proyectos podría obligarles a acercarse a lo convencional y facilón (¿Cars 2 y Toy Story 3?). Esperemos, por el amor de dios, que me equivoque.

Entrando ya en lo importante: la película. Valorándola únicamente como experiencia visual, Wall*E es un hito (again) dentro del cine de animación. Es increíble la expresividad y conexión emocional con el espectador que consigue la obra de Andrew Stanton mediante unos personajes a priori con menos posibilidades de transmitir. Una vez más la técnica está al servicio del guión, y en lugar de un recital de recreación hiper-realista y espectacularidad vacía por medio de los gráficos CGI, los chicos de Pixar se limitan a poner todos los medios a su alcance para transmitirnos con claridad las emociones subyacentes de la historia. Especialmente llamativo es el hecho de que para representar a los antiguos humanos se tomara la decisión de utilizar actores reales, que evolucionarían hasta convertirse literalmente, en auténticas (y monstruosas) caricaturas de si mismos.
En su primera mitad Wall*E es una auténtica cinta de ciencia ficción post-apocalíptica que sobrecoge por su pesimismo y aun más por su -inteligentemente disimulado- contenido adulto. Soy incapaz de hablar de su contenido y mensaje porque reflexiona sobre tantas cosas y de una forma tan certera, que sería un insulto a sus creadores atreverme a resumirlo en unas pocas lineas: solo puedo decir que la historia previa del pequeño robot basurero me llegó al alma. Después de este insuperable arranque, la película se transforma con elegancia y maestría en una epopeya de ciencia ficción galáctica con trafondo ecologísta. Personalmente creo que Wall*E sería mucho más coherente consigo misma teniendo un climax y un final más oscuro, trágico y cercano al espíritu de su primera parte; todo ello sin despreciar al segundo segmento, que es todo un ejemplo de ritmo cinematográfico y puro entretenimiento de calidad.

Ahora bien, no creo que Wall*E sea una obra maestra, la segunda mitad de la película (que por muy bien que esté hecha, es una concesión al público tras otra) no me llegó a convencer tanto como la primera, lo cual me hace llegar a la conclusion de que a pesar de ser más ambiciosa, no ha resultado tan redonda como Rattatouille. Injusta comparación puesto que dentro de la filosofía de Pixar, Wall*E podría considerarse una película más clásica, cercana a la escuela Lasseter (Andrew Stanton es de hecho su discípulo) y con un marcado estilo Disney, mientras que maravillosa producción de Brad Bird destacaba por su rompedora concepción, más actual, fresca y transgresora. Sin embargo la última obra de Pixar, se convierte como de costumbre en una de las mejores películas del año, capaz de rivalizar (e incluso aplastar) a la mayor parte de las propuestas de este año dentro del cine con actores de carne y hueso.

1 comentarios:

Merrick dijo...

Nacho, tíu, poco puedo añadir a tu comentario, porque mi opinión es idéntica. Wall-E no es perfecta pero es una maravilla. Lasseter (y similares) me encanta, pero prefiero a Bird. La primera parte es una obra de arte, la segunda una muy buena peli de entretenimiento...

En fin, que Wall-E es una gozada!

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